Hoja de la Palabra correspondiente domingo 2 enero.
Santa María Madre de Dios
   

NUMEROS 6, 22-27

El Señor habló a Moisés: «Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los israelitas: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”. Así invocarán mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré».

¡El Señor tenga piedad y nos bendiga!

GALATAS 4, 4-7
Hermanos: Cuándo se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción. Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abbá! Padre». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios

LUCAS 2, 16-21
María conservaba todas
estas cosas, meditándolas en su corazón.
 
En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumpl i rse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepc
 

Al comienzo de este año,
queremos alabarte y bendecirte, Padre.
Mientras los años van pasando,
uno tras otro, como una noria,
tú vas remansando en lugar seguro
los logros de la vida de los hombres.
Padre, que mantienes en tus manos nuestra frágil vida,
que nos sostienes con tu aliento,
que nos llevas adelante con tu promesa de eternidad;
nosotros vemos pasar el tiempo,
a veces con miedo, a veces con desilusión.
Pero tú eres la plenitud del tiempo y de la historia,
y por eso debemos recobrar, día a día,
año tras año, la ilusión y la esperanza.
Así, unidos a todos aquellos que,
con el paso del tiempo,
no se quedan anclados en la nostalgia y el recuerdo,
sino que caminan esperanzados
porque saben que tú nos llamas desde el futuro,
proclamamos tu gloria diciendo:
Santo, Santo, Santo...


Cuando participamos en la Eucaristía, nos unimos al misterio de amor del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y a su proyecto salvador para todas las personas.
Si de verdad hemos encontrado aquí a Cristo, debemos proclamar con nuestra vida su amor misericordioso y su presencia. Que su ejemplo, junto con el de María, los santos y tantos misioneros y misioneras anónimos que han extendido por el mundo este amor, nos impulsen en nuestro compromiso misionero.

Dios te salve, María,
Madre de Jesús y Madre de todos los hombres,
pongo en tus manos
este año que comienza
y lo confío a tu corazón maternal.
Que estos 365 días -¡regalo de Dios!-
sean también un regalo de vida y amor
para aquellos con quienes conviva y trabaje;
que sepa ofrecerles generosamente
todo lo que soy y tengo,
para que sean 365 días
llenos de amor y solidaridad.
Que Jesús sea siempre
mi compañero de camino
y que el Espíritu Santo me haga saber
en todo momento que soy hijo y hermano.
Tú que eres mi Madre, ayúdame
a ser fiel al Proyecto de Dios
como tu lo fuiste.

AMÉN.

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