nota informativa

El Año de la fe.
4 oct 2012
Equipo de Comunicación
Propuestas desde el Plan Diocesano Pastoral.
Los laicos están llamados a ser auténticos protagonistas de la edificación de la comunidad y de la transmisión de la fe.(PDP 2012-2015)

 

El Año de la fe, que comenzará el 11 de octubre de 2012 y terminará el 24 de noviembre de 2013 “Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en él y para anunciarlo con alegría al hombre de nuestro tiempo” (Benedicto XVI, Homilía 16 de octubre de 2011).

Este año persigue “redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo”. Por este motivo, el Papa invita a ponernos en camino para conducir a los hombres “al lugar de la vida, a la amistad con el Hijo de Dios” (Homilía en el inicio del Pontificado).
Por todo ello, el punto de partida del trabajo de este curso ha consistido en marcar cuáles son las prioridades pastorales que debemos poner a la hora de programar y llevar adelante la tarea evangelizadora. Motivados desde los Consejos Presbiteral y de Pastoral, hemos trabajado con ilusión y con esfuerzo desde las parroquias, los grupos, las comunidades, los movimientos, los centros educativos, las delegaciones y también desde las plataformas de encuentro y de coordinación (arciprestazgos, vicarías, consejos pastorales, equipos de sacerdotes) y hemos lanzado propuestas que se ven culminadas en este Plan Diocesano.
Debemos felicitarnos y animarnos porque la participación en este proceso ha sido muy amplia y desde prácticamente todos los ámbitos eclesiales. La dificultad de resumir, de acertar con las palabras que recojan lo que se ha querido transmitir, esperamos no reste riqueza a todo lo que hemos aportado, pero de cualquier manera lo que sí se vislumbra es el deseo de trabajar en la tarea evangelizadora como diócesis, y la importancia que un Plan Diocesano tiene para nosotros, no sólo desde un punto de vista de programación sino también como una experiencia profunda de comunión en la misión.

LA COHERENCIA ENTRE LA FE Y LA VIDA

De ahí que sean tan importantes el testimonio de vida, la implicación de los cristianos con los más desfavorecidos del tiempo presente, la opción evangélica por los pobres, la denuncia profética, el testimonio de pobreza evangélica, los signos de austeridad, los gestos públicos, las respuestas audaces ante la crisis y el testimonio personal que brota de la conversión del corazón. Todo esto hará que nos aproximemos cada vez más al ideal evangélico. Pues la caridad es, junto con la verdad, el lenguaje de toda evangelización.
Esta actitud evangelizadora se ha de traducir en la creación de grupos y de comunidades de cristianos conscientes de su compromiso, que estén presentes en asociaciones, grupos culturales, actividades vecinales, ONGs, en el mundo de la empresa, en sindicatos, en cuadros profesionales, medios de comunicación, en ambientes juveniles, en la educación, en las misiones, la sanidad, la opinión pública, la vida familiar, etc… con un tipo de presencia transformadora, que no excluye, sino que incluye y reclama nuevas formas de anuncio explícito de Jesucristo como Salvador. “No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios.” (Pablo VI, Exhortación apostólica “Evangelii nuntiandi”, nº 22).

A todo ello tiene que ayudar en gran medida la revitalización de nuestras comunidades, priorizando las acciones que tiendan a configurar las parroquias como comunidades de fe y verdaderos centros de irradiación y de testimonio de la experiencia cristiana, y no tanto como meros dispensarios de servicios religiosos. “El hombre se encuentra perdido y desorientado; pero en su corazón permanece siempre el deseo de poder experimentar y cultivar unas relaciones más fraternas y humanas. La respuesta a este deseo puede encontrarse en la parroquia, cuando ésta, con la participación viva de los fieles laicos, permanece fiel a su originaria vocación y misión: ser en el mundo el «lugar» de la comunión de los creyentes y, a la vez, «signo e instrumento» de la común vocación a la comunión; en una palabra ser la casa abierta a todos y al servicio de todos, o, como prefería llamarla el Papa Juan XXIII, ser la fuente de la aldea, a la que todos acuden para calmar su sed”. (Juan Pablo II, Exhortación apostólica “Christifideles laici”, nº 27). Esto requiere, antes de cualquier programación concreta, una revisión sobre el papel y la misión de la parroquia como instrumento para la nueva evangelización y, en consecuencia y si fuera necesario, una adecuación de su acción pastoral.

Por lo cual, los pastores, obispos y presbíteros, han de reconocer y promover los ministerios, oficios y funciones de los fieles laicos, que tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Confirmación y, para muchos de ellos, también en el Matrimonio. De ahí que, cuando la necesidad o la utilidad de la Iglesia lo exijan, los sacerdotes pueden confiar a los fieles laicos algunas tareas relacionadas con su ministerio pastoral, pero que no exigen el carácter del Orden, pues no emergen de éste, sino de los sacramentos de la iniciación (Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica “Christifideles laici”, nº 23).

Animar a las diversas comunidades cristianas a la participación, a la acogida, a la práctica de la fraternidad y al crecimiento en la fe; y en practicar escrupulosamente la coherencia entre la fe y la vida como testimonio evangelizador para el hombre de hoy.

RECOPILACIÓN DEL PLAN DIOCESANO PASTORAL 2012-2015.

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