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¿Cuáles son mis zonas “muertas”?
3 may 2012
Lucio Arauzo. Sacerdote.
Que sea Dios, el celestial agricultor, quien pode mis sarmientos.
Los que creemos poseer algún poder en la Iglesia deberíamos comprender que en la Iglesia no hay otro poder que el servicio, y un servicio fraternal.

QUINTO DOMINGO DE PASCUA
6 de mayo de 2012

HOMILÍA

VID, LABRADOR, SARMIENTOS.

El domingo pasado, Jesús se presentaba ante nosotros como un buen pastor: “Yo soy el buen pastor. Conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas”. Hoy Jesús nos ofrece una nueva imagen: “Yo soy la verdadera vid”. Jesús, en una cena que sabe a amor y a despedida, comparte mesa y confidencias con los más cercanos, con los que le han seguido hasta última hora. “Yo soy la vid verdadera, mi Padre es el labrador, vosotros sois los sarmientos”. De nuevo habla Jesús de “el Padre y vosotros”, sus grandes amores.

“Mi Padre es el labrador”, dice Jesús. Como buen agricultor, el Padre cuida con esmero de su viña. Arranca lo que ya no da fruto y poda lo fecundo para nuevas fecundidades. Todos conocemos o hemos conocido labradores entregados con mimo a su tierra y a sus tareas. Resuenan en ellos los versos del bellísimo canto de Isaías: “Mi amigo tenía una viña en fértil collado”. El “amigo” es Dios, la “viña” es su pueblo. Sin duda Jesús conoce el poema de Isaías. Conoce el amor con que Dios cuida de su pueblo, y conoce el dolor del labrador al ver que su viña amada, cuando él esperaba que diese uvas, sólo dio agrazones.

También los discípulos pudieron comprender muy bien el anhelo de Jesús: “La gloria de mi Padre es que deis fruto abundante. Será el signo de que sois discípulos míos, de que me habéis entendido”. Para que dé fruto abundante, el labrador poda la viña. Podar las viñas es un arte que no todos dominan. El Padre sí. El Padre sabe qué hay en nosotros que debe ser cortado, eliminado. El Padre me cuidará y me podará; pero respetando mi libertad. No lo hará sin mí. Surge aquí la necesidad de conocer cuáles son mis zonas “muertas”, ponerlas ante el amor del Padre, y pedirle que haga la poda que yo necesito para dar el fruto que Él espera de mí.

Poda y frutos son tarea que cada creyente, cada comunidad y la Iglesia en su conjunto deberán abordar. Pero con amor, sin dogmatismos ni condenas. Habrá que dejar que sea Dios el celestial agricultor que pode los sarmientos. Entre nosotros no está muy lejos la tentación de eliminar al que no piensa como nosotros, al que no nos cae bien. Los que creemos poseer algún poder en la Iglesia deberíamos comprender que en la Iglesia no hay otro poder que el servicio, y un servicio fraternal. Así lo afirmó y vivió Jesús.

En el centro del texto evangélico de hoy, dando vida a todo, y llenándolo todo, está la figura de Cristo, resucitado ya para nosotros, proclamando con toda la fuerza y solemnidad de Dios: “YO SOY”. “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Sin mí no podéis hacer nada”. Es la unión con Cristo la que dará vida a su Iglesia, y en ella, a todos sus sarmientos. Los sarmientos de la vid verdadera, que es Cristo.

Lucio Arauzo.

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