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La Mesa del Señor.
5 abr 2012
Lucio Arauzo. Sacerdote
Pan de Vida eterna, alimento de salvación para nosotros y para todos los hombres.
Nosotros somos hoy en el mundo los testigos de su vida y de su Pascua, amamos y seguimos a un Señor que ya no se nos puede morir.

 

PASCUA DE RESURRECCIÓN.
8 de Abril de 2012

HOMILÍA

¡Id y anunciadlo!

¡Cristo, nuestro Señor, ha resucitado, y vive para siempre! Pasó haciendo el bien, optó por los oprimidos por el mal. De su boca salieron palabras de vida eterna. Llamó bienaventurados a los pobres y a los que lloran, y su corazón se llenó de gozo porque su Padre se manifestaba a los sencillos y se ocultaba a los soberbios. Lo mataron colgándolo de un madero, pero Dios lo levantó de la muerte, lo resucitó y lo glorificó. Nosotros somos hoy en el mundo los testigos de su vida y de su Pascua, amamos y seguimos a un Señor que ya no se nos puede morir. Y creemos que nosotros vivimos y viviremos en Él. Con María Magdalena decimos también nosotros: ¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!

Éste es, hermanos, el núcleo de nuestra fe y el sentido último de nuestro vivir, actuar y esperar. Recordando cada día las palabras del Maestro, sus llamadas al amor, al servicio, al perdón. Asumiendo como proyecto de nuestra vida su pasión por el Reino, por las cosas del Padre. Pablo anuncia a los primeros cristianos que ya están resucitados, porque sus vidas, unidas a la de Cristo, están ya abrazadas por el Padre. Podemos y debemos creer en esta vida nueva, cualesquiera que sean los momentos y circunstancias por las que nos toque pasar. El amor divino nos envuelve en los días de gozo y esperanza, y en las noches de angustia y de tristeza. Dios está ahí, vivo y vivificante en todo corazón humano.

Pedro nos dibuja a Jesús como aquel que ungido por Dios con la fuerza del Espíritu, ha pasado por la vida haciendo el bien y liberando a los oprimidos por el mal. Al resucitar a su Hijo de entre los muertos, Dios ha puesto su sello sobre la persona, el mensaje y la vida entera de Jesús, y se ha pronunciado en contra de lo que los hombres y los poderes del mundo hicieron con él rechazándole y llevándole a la muerte. Sin esta aceptación de la vida y práctica de Jesús, la fe en la resurrección quedaría vaciada de contenido. Consecuente con esta fe, el creyente entrega su vida entera, nueva y resucitada, al servicio del Reino. Así como Jesús vivió para el Reino del Padre, y lo vivió apasionadamente, así también nosotros. Nuestros criterios y actitudes, sean las de Cristo vivo. Nuestras relaciones humanas, sean las de Cristo, especialmente volcados a favor de los pobres y marginados. Nuestra escuela de oración, su forma de oración: a solas, muchos y largos ratos, en alabanza, confianza y acción de gracias al Padre, y escuchando la vida de los hombres.

Dios es para nosotros, por Jesús resucitado, una fuerza liberadora, capaz de poner en marcha todas nuestras energías al servicio de la construcción del Reino. En la Mesa del Señor, a la que muy pronto nos vamos a acercar, se nos ofrece un Pan de Vida eterna, alimento de salvación para nosotros y para todos los hombres. ¡Dichosos los invitados a la mesa del Señor!

¡Feliz Pascua a todos!

Lucio Arauzo.

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