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¡VELAD Y ORAD!
27 mar 2012
Lucio Arauzo. Sacerdote
¿Por qué murió Jesús? ¿Por qué siguen muriendo tantas víctimas inocentes?
Estos tres días debemos vivirlos en una íntima unidad, sin separar unos de otros. Amor, servicio, entrega, muerte y resurrección son los pasos de Cristo y deben ser también nuestros pasos.

 

DOMINGO DE RAMOS. 1 de Abril de 2012 

HOMILÍA

¡VELAD Y ORAD!

A lo largo de estos domingos de Cuaresma quisimos ir poniendo nuestros pasos en el seguimiento de Jesús, el Maestro y Señor. Esos pasos nos ha llevado ya a la Semana Santa. Deseamos prepararnos ahora, en este Domingo de Ramos, a la celebración de estos días santos, los últimos de la vida de Jesús.

Estos días deben ser días contemplativos, “fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús” (Hebreos 12, 2). Mirar a Jesús, escuchar sus palabras, ver qué le pasa, cuáles son sus sentimientos. Todo ello sin prisas. Estemos donde estemos, siempre podremos encontrar momentos para la oración larga y serena, para la lectura reposada de los textos de la Cena o de la Pasión, para la contemplación del amor que Dios nos muestra en Jesús.

Son días también de dar la mayor importancia a las celebraciones litúrgicas, de participar activamente en ellas, de comulgar el Jueves Santo con Cristo puesto a los pies y al servicio de los suyos, a quienes llama amigos y a los que dice que les ama y que se amen. Comulgar el Viernes con los despojos de uno que ha muerto en la Cruz, desnudo y abandonado. Comulgar en la mañana de Pascua con Cristo resucitado, acogido por el Padre en la muerte y glorificado y constituido Señor y Viviente que da la vida. Estos tres días debemos vivirlos en una íntima unidad, sin separar unos de otros. Amor, servicio, entrega, muerte y resurrección son los pasos de Cristo y deben ser también nuestros pasos.

Son días de representaciones populares en mil puntos de nuestra geografía. Estas representaciones, realizadas con indudable dignidad, con sentido cristiano, y enraizados en la vida y en la tradición de nuestros pueblos y ciudades, hacen mucho bien a la gente. Con ellas, debemos orientar también nuestra mirada hacia otras “representaciones de la Pasión de Cristo”. Son aquellas en donde un ser humano sufre realmente en su vida diaria, en la de verdad, y en su propia carne, la pasión y la agonía de Cristo como consecuencia de las injusticias y del abandono de nuestro mundo. Ellos son Cristo de nuevo crucificado. Ante ellos debemos seguir preguntándonos: ¿Por qué murió Jesús? ¿Por qué siguen muriendo tantas víctimas inocentes? ¿Podemos adorar a Cristo crucificado hace dos mil años, sin liberar de la muerte a los crucificados de hoy? Son interrogantes que no puede eludir una conciencia cristiana que quiere ser fiel a la humanidad que sufre y al Reino que Dios quiere. Debemos servir y lavar los pies a aquellos cuya dignidad es ensuciada por nuestra sociedad, y bajar de la cruz a los crucificados de nuestro tiempo. Debemos colaborar con el Dios de la vida en la resurrección de las víctimas. La vida triunfa entonces sobre la muerte, y su resurrección será también la nuestra. ¡Feliz Pascua en Cristo entregado, muerto y resucitado!

Lucio Arauzo.

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