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¡ESCUCHADLE!
28 feb 2012
Lucio Arauzo. Sacerdote
Dios nos ha dejado su palabra en su hijo amado.
Si hemos hecho el camino con Jesús, si nos hemos retirado con él al monte, Pedro, Santiago y Juan somos hoy nosotros.

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA
Ciclo B. 4 de marzo de 2012

HOMILÍA

¡ESCUCHADLE!

Estamos haciendo con Jesús nuestro camino personal y comunitario hacia la Pascua. Y en este segundo domingo de Cuaresma, la celebración eucarística nos ofrece el relato de la Transfiguración del Señor: en el monte, un Jesús de rostro y vestidos resplandecientes recibe la voz y el amor del Padre en presencia de Moisés y Elías, y en compañía de Pedro, Santiago y Juan. Es un momento importante en la vida de Jesús, en la de los discípulos que le acompañan, y en la nuestra. Si hemos hecho el camino con Jesús, si nos hemos retirado con él al monte, Pedro, Santiago y Juan somos hoy nosotros.

¿Qué acontece en el monte? Jesús ha subido a la montaña a orar. Lo hacia con frecuencia. La soledad, un tiempo largo y tranquilo junto al Señor, significados en “la montaña alta”, han sido a lo largo de la historia de la Iglesia momentos de encuentro de muchos creyentes con Dios. Jesús ora. Este encuentro con Dios en la oración transfigura su rostro. El encuentro con Dios ha transfigurado y transformado también la vida de muchas personas. ¿Y yo? ¿Rezo con frecuencia? ¿Doy a Dios la oportunidad de que vaya transfigurando mi vida?

Moisés y Elías son los máximos representantes de la Ley y los Profetas. Ellos solos cubren muchas páginas de la historia de la salvación. Los dos fueron enviados a Israel para ofrecer la salvación de Dios, y los dos sufrieron rechazo y persecución. Moisés es el hombre elegido por Dios para iniciar el éxodo de su pueblo. Para el israelita, “éxodo” es una palabra cargada de sentido: es el comienzo de un camino que conduce a la Pascua, un camino hacia la liberación, es alcanzar la tierra prometida. Para Jesús, este éxodo es su camino hacia Jerusalén, hacia su pasión, muerte y resurrección, es su paso definitivo a los brazos del Padre. Para el discípulo, es la esperanza cierta de que la muerte ha sido vencida por la resurrección.

El punto central del pasaje de hoy  es la voz de Dios desde la nube: “Éste es mi Hijo amado, escuchadlo”. Dios nos ha dejado su palabra en su hijo amado. Es toda su Palabra, y no tiene nada más que añadir. En esa Palabra podemos oír todo lo que Dios nos quiere decir. Nos toca hoy a nosotros preguntarnos qué hacemos para conocer y vivir mejor el mensaje de Dios tal como resuena en la vida y palabras de Jesús. ¿Leemos el evangelio? ¿Forma parte de nuestro equipaje básico?

Una última reflexión. Sabemos que la vida es un “lugar teologal” en el que Dios nos habla. ¿Escucho la voz de Dios en los acontecimientos diarios? Su llamada es tal vez hoy más clara, necesaria y urgente que nunca. El Padrenuestro, el Reino de Dios, el pan de cada día y el perdón de las ofensas, siguen siendo asignaturas pendientes de nuestro mundo, también a veces de los que nos decimos cristianos. No podemos “mirar hacia otro lado” frente a los gritos y lamentos provocados por el hambre, la enfermedad, la muerte, la crisis, el paro, la soledad, de tantos hermanos nuestros que sufren. Sus gozos y esperanzas, angustias y tristezas, son también las nuestras. Nos lo ha recordado Benedicto XVI en su magnífico mensaje ce Cuaresma: “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras”.

Lucio Arauzo

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