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¡CONVERTÍOS Y CREED!
24 FEB 2012
Lucio Arauzo. Sacerdote

En esta tarea, Dios nos ayuda siempre.
Se nos ofrecen estos cuarenta días para acomodar nuestra vida a los pasos y palabras de Cristo, que hace con nosotros este camino cuaresmal

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
Ciclo B. 26 de febrero de 2012

¡CONVERTÍOS Y CREED!

HOMILÍA

Muchos de nosotros celebramos el pasado miércoles el comienzo de la Cuaresma. Otros es hoy cuando os incorporáis a este camino que quiere conducir a la Iglesia, y a cada uno de los bautizados, hacia Cristo resucitado. Se nos ofrecen estos cuarenta días para acomodar nuestra vida a los pasos y palabras de Cristo, que hace con nosotros este camino cuaresmal: también él sufrió la tentación del poder y del egoísmo, de las riquezas. También el cargó con la cruz de cada día, en ella murió, y en ella venció al mal para resucitar glorioso a la vida de Dios. Ésa es también la gran vocación a la que somos llamados. El seguimiento de Cristo va a exigir de todos nosotros, sin duda, un esfuerzo de conversión de nuestras vidas en muchos aspectos, personales, sociales, religiosos.

En esta tarea, Dios nos ayuda siempre. Él ha hecho con nosotros un pacto de paz: nunca destruirá a los vivientes. Y tras la lluvia, que en otro tiempo devastó y destruyó la vida, su arco brillará en el cielo, como señal de una alianza de vida de Dios con sus hijos. Pese a lo cual, parece que los hombres queremos muchas veces romper unilateralmente el pacto del buen Dios, parece que nos empeñemos en destruir esa naturaleza creada para bien de todos, parece que nos dediquemos a destruirnos unos a otros. Habiendo, como hay, tanto bueno en el corazón del hombre, ¿de dónde nace tanta maldad y destrucción? Y si somos muchos más los que deseamos el bien, ¿por qué nos dejamos conducir por el mal, por las estructuras de pecado de nuestro mundo? ¿No será que en el reparto de los bienes de la tierra estamos dejando fuera de ellos al ochenta por ciento de los hombres y mujeres de nuestro mundo? Sin justicia, la paz será una palabra vacía, decía Juan XXIII.

Miremos a Jesús, hoy en el breve relato de Marcos. Al comienzo de su vida adulta, Jesús es empujado por el Espíritu al desierto, y allí, durante cuarenta días, es tentado por Satanás. ¿Nos dejamos conducir por Dios, por su Espíritu, su soplo? Escuchemos a Jesús: “Se ha cumplido el plazo”. Ha llegado el tiempo, nuestro tiempo. Éste es tu tiempo y el mío, el nuestro. Aquí y ahora acontece para ti y para mí el momento más importante de la Historia, porque es el nuestro, único e irrepetible. No tenemos otro, y conviene aprovecharlo. Sólo se vive una vez. ¿Qué habré aportado yo de positivo a este mundo cuando me llegue la muerte? ¿Cuál habrá sido mi participación en el trabajo por la paz y la justicia en el mundo? ¿Qué proceso de conversión hacia el Reino viví en mi historia personal?

Las últimas palabras de Jesús en el texto de hoy son para el Reino de Dios y para la Buena Noticia. Estas palabras resumen bien la gran pasión de Jesús, su gran amor: la presencia del proyecto de Dios entre los hombres, y el anuncio de este Reino como la gran noticia de Dios. Dios tiene una buena noticia para todos, preferentemente para los pobres y los que sufren. Y de nuevo surge con fuerza la pregunta sobre nuestra implicación en este querer divino. ¿Me apasiona el Reino de mi Padre Dios? Y más todavía: ¿lo vivo como una buena noticia?

Que la Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo, recibidos en esta Eucaristía, sean la fuerza de nuestro caminar hacia la Pascua.

Lucio Arauzo

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