carta

EL PROYECTO DE DIOS.
02 feb 2012
Lucio Arauzo. Sacerdote.
La Buena Noticia: “Convertíos, está cerca el Reino de Dios”.

También hoy, como en los tiempos de Jesús, la población entera de enfermos y poseídos por el mal se agolpa a nuestra puerta y llama.

Homilía DOMINGO V DEL TIEMPO ORDINARIO, 5 de Febrero de 2012

En estos domingos estamos comenzando la lectura y meditación del Evangelio de Marcos, con un Jesús ya adulto, que impulsado por el Espíritu y sabiéndose muy amado por su Padre, inicia la proclamación de la Buena Noticia: “Convertíos, está cerca el Reino de Dios”. Suenan las primeras llamadas junto al mar y Jesús realiza sus primeros signos. La gente está asombrada por su enseñanza. En este ambiente de buena fama nos llega el texto de hoy. Una primera cuestión se ofrece a nuestra reflexión: )Siento admiración ante la persona de Jesús y sus palabras? )Estoy dispuesto a escucharle y a seguirle?

Las palabras de Jesús van acompañadas de curaciones a enfermos, signo de que el Reino que anuncia toma opción a favor de la vida. La primera de esas curaciones se personaliza en la suegra de Simón. Aunque el evangelio hable de “todos los enfermos”, ese “todos” son para Jesús “cada uno”, cada enfermo, cada necesitado, con su nombre propio y personal. Nosotros hemos caído en la frialdad de los números y de las estadísticas: “30.000 muertos por el hambre cada día”, “más de 200.000 desaparecidos en el terremoto”. Cifras sin rostro. Pero cada uno de ellos es hijo de Dios, hermano de Cristo, sacramento de su presencia. Para él nadie somos un número.

También hoy, como en los tiempos de Jesús, la población entera de enfermos y poseídos por el mal se agolpa a nuestra puerta y llama.)Cuáles son las enfermedades y demonios de nuestro momento histórico? Pueblos y naciones enteras viven y mueren como si una maldición pesara sobre ellas. Su primer objetivo es sobrevivir cada día, amenazados por las epidemias, la guerra y el hambre. )Cuál es nuestra reacción ante estos males? Jesús responde curando. Tenemos en nuestras manos la posibilidad de multiplicar la actividad sanadora de Jesús, que ha dicho: “El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores” (Jn. 14, 12). La situación de la humanidad no obedece a un destino ciego y fatal. Es el resultado de las decisiones libres de los hombres. Las cosas podían estar de otra manera. Depende de nosotros. Estos días la Campaña contra el Hambre va a poner delante de nuestros ojos lo que se puede hacer invirtiendo en el servicio a la vida lo que se tira en instrumentos de muerte y en consumo superfluo.

Hay otra reacción muy importante en el relato de hoy: la actitud de la suegra de Simón. Recuperada de su enfermedad por la acción de Jesús, se pone a servirles. Hemos entrado en el camino del evangelio cuando, sanada nuestra vida por Jesús, nos ponemos al servicio de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Aquel que ha encontrado en Jesús la salvación para su vida no encontrará muy penoso poner esa vida al servicio de los demás. Y hoy, en la situación de nuestro país, muchos familiares, amigos y vecinos nuestros lo están pasando muy mal.

El evangelio nos presenta en los últimos versículos a Jesús que, al amanecer se retira a la soledad y allí hace oración. El encuentro contemplativo con el Padre y consigo mismo, con la voluntad de Dios y con la tarea a realizar, forma parte de la vida de Jesús. Es el signo de una vida que se entregan a una causa noble: el Reino de Dios, el proyecto de Dios sobre la creación. Jesús se entregará a ello con toda su alma, hasta la muerte.
Jesús ora en la soledad, y después de orar continúa su actividad sanadora. Todos estamos llamados a seguir a Jesús, no lo olvidemos: “No se da miembro alguno de la Iglesia que no tenga parte en la misión de Cristo” (Concilio Vaticano II, P. O. 2).

ORACIÓN

Señor Jesús, abre nuestros corazones a la
escucha de tu Buena Noticia,
y haz que ella transforme nuestra vida.
Que sanados por ti en el cuerpo y en el espíritu nos
entreguemos con gozo al servicio de los demás. Te agradecemos de verdad que hayas puesto tu Reino en nuestras manos, y queremos responder generosamente
a la dulce tarea que nos ofreces.
Cuando el trabajo se haga duro te encontraremos en la soledad y en la oración.
Y en ti renovaremos
la ilusión y las fuerzas para perseverar en el esfuerzo.
Venga a nosotros tu Reino!

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